Archivo para diciembre, 2007

Fábula navideña?

Posted in ensayos on 26 diciembre 2007 by riverplatense


Un tipo sin querer empuja a otro, supongamos, en la parada del colectivo. El empujado digamos, se tuerce un tobillo. El empujador ofrece sus sinceras disculpas. El empujado las acepta. Fin de la historia.

  • El empujador realmente lo hizo sin querer? O el sólo hecho de no ver al otro (quizás por desinterés o por ir ensimismado) lo exonera de toda responsabilidad?
  • Las disculpas harán que el tobillo mejore más rápidamente?
  • El empujado seguirá caminando normalmente el resto de su vida?
  • En qué venía pensando el empujador antes de llevarse puesto al empujado?
  • Las disculpas implican un cambio de conducta o un mero formalismo?
  • Peor aún, las disculpas son para no recibir castigos o recriminaciones y así no quedar expuesto y en cambio pasar por bueno?
  • Si las disculpas implican un cambio de actitud en el futuro, será el empujador consecuente con ello o se reprimirá eternamente porque su personalidad lo impulsa a empujar gente?
  • El empujado estaba bien ubicado en la vereda o se puso ahí porque sabía que lo iban a empujar?
  • Cuántas veces puede disculpar el empujado al empujador de sucesivos tuerces de tobillo? Sin entrar en la retórica idealista de las setenta veces siete, digo, cuántas veces lo podrá hacer el empujado conservando por lo menos parte de la pierna sana…
  • Alcanza con las disculpas o el empujador debería hacer algo más por el empujado?
  • Según ciertas teorías, el empujado debería empujarlo a su vez al empujador y considerar efectuarle los mismos daños. Sirve de algo? Es posible en tal caso, transferir las experiencias con los dolores y sensaciones de manera que todo se emparde?

De todas maneras, demasiadas preguntas para una historia tan mísera.

El que no salta no va a Japón…

Posted in actualidad, escritos, River Plate on 16 diciembre 2007 by riverplatense

Estoy escribiendo este post antes de la final de la copa del mundo de clubes. Que ahora dicen todos que es el torneo más importante del mundo, pero nadie sabe, por ejemplo, quienes fueron los campeones anteriores. Yo sí creo que tiene una gran importancia, y mi deseo que River Plate sea el primer campeón de nacionalidad argentina, está corriendo un grave peligro de desvanecerse, encima en manos del adversario.
Como una cruel venganza de la justicia, tan ausente en otros ámbitos de la vida, el hincha de River carga sobre sus espaldas un terrible castigo por tener dirigentes corruptos e inescrupulosos. Un presidente que habla como los dioses y gobierna como los demonios. Haciendo negocios de color negro oscuro sin ponerse para nada colorado. Así es que a modo de vómito catártico, haré una pequeña reseña de lo que la era JMA ha aportado a la riquísima historia del Club Atlético River Plate:
* Equipos paupérrimos con jugadores sin alma: Ponerse el Manto Sagrado no es para cualquiera. Jugadores que han sido ídolos en equipos de menor importancia, al cruzarse la Banda Roja sobre el pecho, cual Sansón luego de la rapada a traición, no pueden ni siquiera llevar una pelota sin que se les escape, los ejemplos obvios de Batistuta, Sand, etc salen a chorros. Gracias a la era del Pelícano, podremos contar a nuestros nietos que vimos deambular por el verde césped a jugadores de la talla de Coti Fernández, Oberman, Patiño, Rosales, Lussenhoff, Villagra, Abán, Abelairas, San Martín, Leyenda, Diogo, Rivas, Gallardo, Ruben, Ponzio, Zárate, Jersson Gonzalez, Máximo Lucas, Zapata, etc llevándose literalmente millones de dólares de River Plate sin haber siquiera transpirado como corresponde la gloriosa camiseta de Labruna, Alonso o el Enzo.
* Técnicos que no comprenden el sentir del hincha y toman decisiones insólitas como Pellegrini y DAP, con el agravante que al primero el presidente lo trajo luego de echar al reciente campeón Ramón Díaz, según sus palabras para dar “un cambio de aire”, vaya si lo logró.
* El nombre de River Plate mezclado en cosas más que turbias, como pases de jugadores al Locarno de Suiza para luego fichar en el Real Madrid sin siquiera estar un minuto en la entidad lusitana (Higuaín) o un jugador que es vendido a México y a los dos días volverse porque la esposa “no se adapta a la altura” y no bien bajar del avión en Ezeiza firmar para un club de Portugal que le ofrecía más dinero (Farías), jugadores que van a Europa con pasaporte comunitario y luego volver porque la documentación es trucha (Carrizo), y un largo etcétera de irregularidades en las que se ha manchado la Banda Roja.
* Resultados deportivos vergonzosos. Una cosa es perder como resultado lógico de un juego, y otra es salir a pasar vergüenza por los campos de juego, sin respeto por la centenaria historia Riverplatense. Se perdió con Olimpo, Tigre, Chicago, Arsenal, Banfield, San Martín de San Juan, Argentinos Jrs, Colón, Caracas de Venezuela, Libertad de Paraguay, etc. Muchos de esos partidos fueron en instancias decisivas, incluso varios por goleada y resultaron históricos para los rivales, por ejemplo los venezolanos y Colón jamás habían ganado en en Monumental.
* Obras abandonadas y el club convertido en un páramo, como una losa con un cartel que dice “Museo”, un estadio despintado y sucio. Butacas partidas, una tablero con la pantalla a medio terminar, césped inexistente. Encima ese escenario mítico convertido, sin respeto alguno, en una pista de baile para recaudar dinero que luego se malgastará irremediablemente.
* Chanchadas propias de otros que ahora las tenemos en casa. Jugadores de medio pelo que echan técnicos, barras que son dueños del club y no permiten que se cante en contra del oficialismo, policías por todos lados para proteger a los dirigentes, ejercicios anuales para nada claros, defícit millonario, deudas impagas, mentiras y engaños al hincha, salir más en la sección de policiales que en la deportiva de los diarios, un club que parece muerto, tiroteos en las parrillas, el basquet cerrado por no invertir poco dinero, el cub ya no es la casa de todos nosotros donde pasábamos los días enteros en familia, donde disfrutábamos de una institución a la que históricamente le preocupó la formación de la gente.
Todo eso se lleva y se soporta con dolor. Respetando a rajatabla la vocación democrática y las instituciones, pero sin dejar que los diabólicos de turno conviertan en un aquelarre al Club Atlético River Plate. Cuidando que no pase lo de Eduardo López en Newell’s o lo de Macri en el adversario, donde las elecciones son cosas que no suceden jamás, y mucho menos lo de Blanquiceleste S.A.
Vamos River, sos demasiado grande para soportar esta lacra, aún herido, golpeado y tirado en el piso, te siguen chupando la sangre y seguís alimentando a los vampiros de turno. Seguís dando huevos de oro para los inescrupulosos que se hacen ricos sabiendo que la enorme historia Riverplatense los condenará.
Por supuesto que me gustaría estar hoy en Japón. No quito el mérito como hacen los mediocres que nunca pisan una cancha y luego cuando ganan te vienen a cargar. Me duele y sufro por River Plate. Jamás me pondré la camiseta de otro para perjudicar a un tercero. No soy hincha del Milan, ni lo seré jamás. No como otros que ví con la camiseta de la Juventus cuando perdimos una final. Como decía mi viejo al preguntarle quién quería que gane mientras mirábamos un partido X, me decía “Que pierdan los dos”
Todo esto lo escribo con mucha bronca y dolor. Más allá de las elucubraciones racionales (en las que estoy totalmente de acuerdo), según las cuales no puedo ponerme mal por un juego. Pero parece que mi alma no lo ve así.

Cómo no ilusionarse…

Posted in actualidad, democracia, política, publicaciones on 11 diciembre 2007 by riverplatense


Ayer comenzó su mandato nuestra Presidenta Cristina. Ya he hablado aquí de lo que Cristina y su marido me provocan. Así es que con mucha esperanza presencié ceremonias, actos y juramentos (todos por TV, no pude ir a la plaza), sabiendo que el momento ha llegado.
Pensaba escribir algo al respecto. Pero habiendo sido publicado este artículo debo callar y recomendar fervientemente su lectura. Juan Pablo Feinmann introduce conceptos que yo quería destacar, sensaciones que tuve y emociones que siento.
Pero claro, él las escribe de una manera espectacular. Escriba maestro. Yo sólo (o no tanto, habiendo tanto pelandrún con reminiscencias de los noventa) suscribo.

Acá estoy Señora Presidenta. Hasta la Victoria. Siempre.

Va el texto completo entonces:

El uso de la palabra
:

Por José Pablo Feinmann

No creo que me salga un texto cauteloso. Algo así como: “Tené cuidado. Al principio siempre seducen. Pero después te desilusionan y quedás pagando”. Miren, si quedo pagando, quedo pagando. No me voy a privar de la sinceridad ni del entusiasmo por eso. A la mañana –ayer– fui al Congreso, tenía mi ubicación en primera galería. La noche anterior había estado en la cena a las delegaciones extranjeras, que fue un elegante minuet de cortesías democráticas. Como había muchos políticos me quedé hablando de cine con Marcelo Piñeyro. Después nos juntamos a los demás. Y había gente de varios colores. Estaba Zannini. Estaba Rosario Lufrano. Morales Solá. De La Nación también Fernando Saguier, con quien hablamos con humor y sinceridad. Andaba por ahí Macri, de quien ese día –domingo– yo había escrito en mi contratapa que había sido el “Isidoro Cañones de los boliches de los noventa”. Embajadores. Presidentes: Evo, Chávez, Bachelet. Lindo ambiente, buen vino, y un discurso de la Presidenta, vestida de negro y con las palabras medidas. Al bajar lo vi a Kirchner. Se alegró de verme. Yo hacía tiempo que no me lo encontraba. Seré indiscreto porque me dijo una joyita. Nadie sabe exactamente qué diablos va a hacer de aquí en más. No sé si será porque soy escritor, pero me larga lo que sigue: “Vas ver que pongo un Café Literario”. Es posible que el señor K carezca de algunas cosas, pero no de humor. ¿O lo habrá dicho en serio?

Pero me desvié: andaba en que el lunes fui al Congreso. Primera galería. Busco una ubicación y nada: una parva de jetoneantes ávidos de ver y ser vistos se había adueñado de todo. Me fui a casa. Me compré un montonazo de esos postrecitos de dulce de leche que me pueden y me siento frente al televisor. Al rato, aparece Cristina Fernández. Jura. Todo bien hasta aquí. Normal, nada del otro mundo. Después se sienta y uno espera lo que ya sabe. Lo que ha visto siempre. El electo saca un montón de papeles y empieza a leer. Uno, en general, sabe que hay varias manos en ese discurso. El especialista de cada área le escribe al nuevo Presi la parte de la que es experto. Después el Presi lee –con anteojos o sin anteojos– y pasa lo de siempre. Alza la voz, a veces demasiado. Y los furcios se alternan con las palabras bien pronunciadas. Aclaremos esto de los furcios. Un furcio es una palabra mal emitida o mal pronunciada o dicha con dificultad, quebrada o vacilante. Los políticos abundan en el arte inhábil de los furcios. El furcio expresa un deficiente uso del lenguaje. Expresa torpeza en el hablar. La torpeza en el hablar expresa una torpeza del pensamiento. Lanusse, por ejemplo, que pretendía “institucionalizar” al país, nunca podía decir la palabra “institucionalización”. Siempre le salía algo diferente. Ese mísero socio de López Rega que gobernó brevemente este país y se llamó Raúl Lastiri decía “ojectivos” cuando quería referirse a los “objetivos de su gobierno”. Menem no cometía furcios. Porque un furcio se comete en un discurso en el que algunas palabras se dicen bien. Pero si todas las palabras se dicen mal no hay furcios. Todo el discurso es un solo furcio. Menem hablaba en la modalidad del furcio. El nuevo gobernador de la culta ciudad de Buenos Aires, de este orgulloso centro urbano, no sólo leyó esforzadamente su discurso, sino que se mandó un par de furcios escalofríantes.

Usar la palabra es usar la inteligencia. Cristina F no leyó. Miró a todos, a todos los que estaban en la sala del Congreso y empezó a hablar con una seguridad apabullante. Sobre todo para esos grandes machos que la habían precedido en el puesto, vacilantes, levantando apenas la mirada de los papeles, dando la clara muestra de estar diciendo ideas que les habían dictado. Las ideas que venían a cumplir. Tampoco Cristina F dio –por medio de su uso de la palabra– la imagen de algún célebre “Guitarrero” del pasado. Ricardo Balbín podía hablar horas y no necesitaba leer. Pero le faltaba concisión y apelaba a giros y metáforas de cuarta o quinta categoría. No usaba la palabra, la “charlataneaba”. Le quitaba rigor. Cristina F habló con precisión. Se adueñó de la palabra para expresar sus ideas. ¿Quién podría dudar de que fueron suyas? Una mujer, señores. Qué lección. A su lado, ayer, todos los hombres palidecieron. Abran paso, para bien del mundo: se vienen las minas. Cristina F exhibió una condensación conceptual que dio poder a lo que dijo. Por ejemplo: “No vine para ser la gendarme de la rentabilidad de los empresarios”. Por ejemplo: “No se lucha contra el terrorismo violando los derechos humanos. Al contrario, se lo fortalece”. Por ejemplo: “Sé que todo me va a ser doblemente difícil: porque soy mujer”. O también: “Nuestra tarea no va a estar terminada mientras exista un pobre en la Argentina”.

Hablar sin leer no es improvisar, como ya andan diciendo algunos de esos periodistas que dicen “de que” antes de empezar a hablar y que son el azote bruto y fascistoide de nuestras radios. Hablar sin leer es saber tenazmente lo que uno quiere decir. Saberlo porque se lo ha pensado mucho. Quienes son o han sido mis alumnos saben que eso es exactamente lo que hago en mis clases. No es por arrogancia. Es porque no someterse a la estructura dada de un texto escrito le permite a uno la creatividad pura en el momento exacto, preciso en el que habla. Cuando uno no lee uno mismo puede sorprenderse de lo que encuentra. Se puede usar una base, un esquema de diez o quince palabras-clave. Creo que Cristina F usó algo así. Pero tener en un pequeño papel sobre el escritorio la anotación: “derechos humanos y terrorismo” es sólo el disparador para la creatividad. O es ubicar ese tema en el orden del discurso. A partir de esa escueta anotación hay que hacer uso del lenguaje. Apropiarse de él. Y por su mediación exponer las ideas que uno quiere trasmitir. Cristina F no se quedó ni con una en su bolsillo. Tampoco fue la fría precisión, la inteligencia que se goza a sí misma y busca someter a los otros, deslumbrándolos. No, también se permitió la emoción. Y hasta casi el descontrol. Fue cuando recordó a Eva. A quien nombró así, Eva. Tan inusualmente. No Evita, Eva. Y dijo que era ella la que debió estar ahí, “donde ahora estoy yo”. Y después habló de su militancia joven, y de las Madres y de los juicios a los genocidas.

Pero usar tan brillantemente, con tanta exactitud y minuciocidad la palabra tiene un riesgo. O, sin duda, una enorme responsabilidad. A esa palabra tan corajudamente usada no podemos sino (nosotros, que la escuchamos) tomarla. Porque la palabra se usa y la palabra se toma. Cristina F: le tomamos la palabra. Hoy, convencidos por tanta inteligencia y pasión, le creemos. Pero quedamos a la espera. No la espera fácil de sentarnos a esperar que usted se la juegue sola y cumpla. Se tratará de una espera esperanzada y militante. Porque nosotros también (y muchos más como nosotros, muchos otros argentinos que no son materia dócil de las usinas de la charlatanería estiercolera y cretinoide, sino que piensan por sí mismos y tienen todavía valores morales y utopías locas) creemos que al terrorismo se lo combate con los derechos humanos. A la delincuencia con el trabajo y la inclusión. A los empresarios bajándoles sus rentabilidades opulentas para poder hacer barrios en los arrabales, escuelas. Nosotros –sobre todo esto Cristina F– también creemos que mientras exista un pobre, un marginado, un excluido, este no será un país justo. Y porque creemos esto es que le tomamos la palabra. A usted, que tan bien la usó, se la tomamos para que la cumpla. Y si la cumple, vamos a estar ahí. Como muchos otros. Que hoy le creyeron y quieren (y acaso necesitan como el pan de cada día) seguir creyéndole.

Mi libro, ahora de libre descarga

Posted in actualidad, pilagás, publicaciones on 4 diciembre 2007 by riverplatense


Hace unos años, publiqué un pequeño libro sobre las vivencias de un grupo llamado Mattagoy, en el cual participé por diez años. En su origen, lo recaudado por las ventas del libro se destinó íntegramente a la causa de los aborígenes Pilagá de la provincia de Formosa.
Ahora, pongo a disposición de quienquiera conocer esta realidad, la versión digital de este libro y desde ya que cualquier aporte que quieran hacer para ayudar a estos hermanos pueden ponerse en contacto conmigo.
Para bajar el libro hacer clic acá