Dejad que los niños vengan a mí

La dejadez que el verano (y las vacaciones) están provocando en mi pachorriento existir, no tiene comparación. Si bien estoy trabajando mucho en casa y destinando mucho de mi tiempo a arreglar cosas de la casa y casi toda mi humanidad en reparar cuestiones del alma y familiares, esta nota me ha vuelto a llamar a la escritura.
Es tan patético y anacrónico el papel de la iglesia en este momento de la historia que ni da para el chiste o la crítica. Como diría mi viejo ante la presencia de un jugador de escasas condiciones “a ese no lo marqués que se marea solo”.
No recuerdo un papa más inoperante y tan poco participativo de la vida de la humanidad como Benedicto XVI. Volviendo a la tradicional imagen del papa mesiánico, que reina sobre la humanidad y desde su trono en Roma vomita instrucciones morales (que hablan sólo de sexo, jamás se le ocurriría criticar al injusto reparto de la riqueza o a la eterna beligerancia de los EEUU por ejemplo) a el resto de la raza humana, su plebe, su chusma, sus súbditos. Emperifollado (palabra hasta chuscamente graciosa en este contexto) en ropas milenarias, comiendo en vajillas perfectas y viviendo en palacios suntuosos (que dicho sea de paso tienen como base el oro y la plata Americanos que los invasores supieron arrancar y saquear) pregona sandeces que a nadie le importan y obvia llamativamente los males de este mundo.
Si el Concilio Vaticano II puso una luz de esperanza en el reencauzamiento de las actitudes eclesiales volviendo a las iglesias de base y los grupos más pobres y sometidos, el mensaje del nuevo milenio, elegir un líder nazi, ultraconservador y con cero carisma y menos piedad cristiana aún, nos pone otra vez en el plano de la enemistad, y como todo enemigo, hay que combatir, sabiendo que la vida de nuestros hijos, la de los hijos de nuestros hijos, y fundamentalmente la de millones de otros hijos que no son los nuestros pero pertenecen a nuestro corazón por el sólo hecho de ser personas, están amenazados por paidófilos, materialistas, asesinos, corruptos, ladrones, torturadores, manipuladores e hipócritas como el señor de la foto…
Esos muchachitos que están allí… no se sentirán como los primeros indios americanos que llevaron de muestra turística a las cortes europeas? Se acercarán a ese anciano degenerado, autor de varios escritos que ordenan proteger a la iglesia antes que a los abusados por sacerdotes?
Pobrecitos, en qué manos caerán esos niños.

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