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donde quiera que estén ustedes…

Posted in actualidad, comunidad, Cristina, democracia, dictadura militar with tags , , , on 24 marzo 2009 by riverplatense
No abandonamos la lucha

No abandonamos la lucha

Compañeros:

Los usaron, los vendieron, los secuestraron, los torturaron, los mataron. Por el hecho de pensar y ser distintos. Por querer que todo sea de todos y no de unos pocos. Treinta mil de ustedes no están. Y nosostros sentimos su ausencia.

Un jardín raleado por la helada,  una cancha vacía, una frazada agujereada. Una mesa sin pan.

No sé que será de sus vidas ahora. Espero que estén bien, charlando con el Ché, mateando, jugando un picado o tocando la viola. En tal caso, si tienen un rato, les pido un favor.

Hay muchos acá que no quieren que la Patria sea de todos. Gritan, vociferan, pagan a los periodistas y cortan rutas. Amarrocan miserablemente sus productos porque ellos tienen de sobra y presionan para que la compañera Cristina baje los brazos. Con un cinismo asqueroso, ponen cara de serios y se ofenden porque somos hermanos de los latinoamericanos y no siervos de los yankees. El medio pelo los apoya, como siempre. Y sus referentes políticos son unos impresentables que no hilvanan dos frases seguidas. Dicen que sus problemas son los más importantes de todos, y casualmente su miedo mayor es perder lo que <strike>robaron</strike> ahorraron. Ya porque un banco los esquilmó o porque los ladrones “acechan en cada esquina y acá no se puede vivir”. Descalifican al otro y se creen los dueños de todo. Tratan a las Madres y a los que buscamos justicia de “setentistas” que quieren hurgar en el pasado en vez de mirar para el futuro. Tienen los *medios* para convencer a los idiotas útiles de $iempre y los *medios* a su favor. Sus aliados son los mismos de toda la vida. Los que “hicieron grande a esta patria“, al decir de ellos mismos.

Qué decir de los “ciudadanos comunes cultos”. Cuando el poder les dió su migaja, lo endiosaron y viajaron por el mundo desparramando adiposidades y otras grasitudes. No les importó que los maestros no ganaran un sueldo digno, que los jubilados pasaran hambre, que las fábricas se cerraban, que las plantaciones y pasturas de ganado se convirtieran en laboratorios sojeros, que vendieramos armas a los hermanos, que los chicos boludearan con la falopa y que los gobernantes chorearan y soltaran a los genocidas. Ahora se asombran que los pibes choreen y piden que los maten a todos. Como si ellos no los hubieran creado desde detrás de las paredes de sus barrios privados y sus coche importados. Gritan como histéricas cuando alguno les quiere limpiar el vidrio en un semáforo por unas monedas y ni miran a las criaturas sin casa que les caretean algo para comer.

En eso estamos compañeros. Les pido, desde donde quiera que estén ustedes, que nos tiren un centro. Hagan fuerza y no nos abandonen. Tenemos que hacer el país que ustedes quisieron, por el que dejaron su vida y su corazón. Ayúdennos, por favor, los necesitamos, el enemigo es el mismo de siempre, el que tuvieron nuestros hermanos originarios, despojados de la tierra que hoy los canallas se ufanan de poseer. Regada con sangre y agroquímicos.

Seguimos en la lucha, no la abandonamos, ni abandonamos a sus hijos, las Abuelas recuperaron ya a noventa y siete pimpollos. Astillas de palo bueno.

Acá estamos, en plena batalla, que hoy es otra, pero la misma. Necesitamos de ustedes, hoy más que nunca.